27.11.09

Lo ayudé a irse al no respetar su privacidad, al comprobar. ¿Por qué mis acciones no fueron suficientes? ¿Por qué pedir más y más y más... vorazmente? La lectura de mis propias acciones le beneficiaba, estaba ahí, tanto, cada vez más. Faltaba poco, lo se, para que mi barrera emocional cayera, lo se. Pero la prisa, pero la presión. Generó que él mismo encontrara salida, que reventara.

No me hago cuentos, no quiero saber historias, no quiero. Duele. Y es dolor inútil. Suficiente con el que vivo. Visceral. Pero no por la supuesta historia, por las palabras amables, por las buenas noches. Sino por su ausencia que no tiene sentido, por el vacío que ya siento, por el sinsentido. Por el estúpido sinsentido.

Estaba comprendiendo, lentamente, cómo es que para vivir en pareja no cuenta aquella pasión, cuentan otras certezas. Empezaba a soltarme de nuevo, a dejar que mi emoción viviera libremente. Mis acciones delataban mi futuro. Él decidió otra cosa y ahora está claro, hay un equilibrio que él deseaba. Y tengo que dejar de pensar en esta historia.

20.11.09

Flotar

Hoy que releí algo sobre el deseo y que lo vi de nuevo refuerzo la idea de que estoy flotando en una atmósfera extraña en la que reina un no deseo, entendido éste como un animal activo y voraz. No acepto las teorías del desapego, sin embargo, porque me siento más cerca que nunca a mis deseos, necesidades y vínculos amorosos, emocionales. Lo que sucede es que los tengo claros: la emoción bien encausada no es dañina. ¿Dato obvio? No, porque he sido presa de otra lógica, porque he desaparecido entre aguas tenebrosas en las que el control no aparecía ni de broma. Estoy pensando que la libertad entonces radica en tener lazos suficientemente fuertes como para confiar en ellos y hacer concientemente la trama de la vida.

20.10.09

...


convergen el que todo esté bien, el que todo esté mal y el que todo esté como quiero que esté y el que todo esté como no quiero que esté
el error, de raíz, obvio es, es la palabra 'todo'
radicalizar una realidad es un error
pero aunque lo intente, en realidad esto me lleva a estar, sencillamente, guiada por la levedad y como leo en Murakami, por el caos
pensar que el caos es el centro es relajante: el caos que la libertad de acción de cada uno de nosotros genera
es una idea deliciosa
entonces, cuando convergen todas estas ideas, me siento bien, sin presión más que la cotidiana, la suficiente para poder decir que estoy viva
esa, es una idea deliciosa

5.10.09

Gracias a la vida: Mercedes


Hay voces que enseñan a amar. A amarlo todo: al país, al hombre, a la libertad, al ser. Negra: gracias por enseñarme tanto, por -al mismo tiempo, darme voz, acompañarme en el camino de reconocimiento del amor, de ese que no deja de acompañarme nunca desde que lo descubrí. Deja el capullo, es lo de menos, Negra, sigue cantando.
Ángela, acompaña mis intentos, mis alcances de vida. Te quiero.
Como dice él: "Se nos van las voces".

28.9.09

La Blanca

Esta felina llegó a la casa maullando bien fuerte. Pequeñita y con un collar hecho a mano. Seguramente pertenecía a alguien pero decidió llegar a vivir a la misma casa que yo. La anuncié, divulgué que estaba en mi casa... Nadie la recogió y ella no se fue. Se distinguía porque era feliz, especialmente, durante el periodo en que estaba embarazada, daba a luz (lo cual hizo en mi cama, dos veces) y amamantaba. Era un periodo largo y fue delicioso vivirlo con ella porque, realmente, no he visto gato más feliz. En realidad a ella la culpaba de la sobrepoblación gatuna porque llegó a ser abuela de varios hijos de camadas distintas.
Desde hace meses me esperaba todos los días en la reja. Fuera la hora que fuera. No solamente estaba ahí para que le diera de comer: le daba varias vueltas al coche, se acurrucaba conmigo, maullaba feliz.
Tanta era su cercanía que llegué a fastidiarme porque siempre quería estar en mi cuarto, en mi cama: se quedaba en la ventana todo el tiempo necesario hasta conseguirlo. Nunca se llevó del todo bien con la Tumaka y con una que otra hembra de la casa... pero conmigo sí.
Ayer la encontré muerta en la acera de enfrente. Pensé que era una visión y preferí meterme a casa. Hoy la extrañé porque siempre me seguía a todos lados. Salí a comprobarlo. No puedo saber el por qué de su muerte, yo creo que la intoxicaron o se intoxicó sola. Con los ojos abiertos y sin golpes aparentes. Al lado del camino. La enterré. Y no he podido dejar de llorar.
Sólo la casa sabe cuántos gatos he enterrado en ella: recién nacidos, pequeños... La Vaca (parece que también por intoxicación). Pero ninguno me ha dolido tanto como ella: me eligió, me pobló, me acompañó y me esperaba. Una vida corta, tres años y medio. Espero haberte dado una buena vida, Blanca. Al enterrarla estaban cerca algunos de sus hijos y algunos nietos, otros parientes. Al verme hacerlo llegaron lento, al asecho. Sin exagerar, saben que algo pasó.
Yo no se de dónde viene mi amor por estos bichos, si por su belleza, si por el calor, la compañía, su inteligencia, su tranquilidad, su libertad. Sí: lo se, hay razones de más. Yo no sé calcular el peso de las ausencias, en general. Quisiera no estar escribiendo esto, no necesitar escribir esto. De cierto modo su presencia casi unísona a mi llegada a Ameca la signifiqué como un recibimiento a esa región.
Te extraño, Blanca.